Las representaciones mediáticas y culturales de la diversidad funcional suelen responder a la “tesis de la tragedia personal”, la idea de que las vidas de estas personas son necesaria y esencialmente dolorosas y, por tanto, “no merecen la pena ser vividas”. En el artículo anterior comentaba la película “Me Before You”, un buen ejemplo de esta representación tan negativa como habitual. Uno de los pilares de este paradigma cuasi eugenésico, es presentar estas vidas como carentes de gozo, terrenos yermos en que no pueden florecer ni el deseo ni el placer. Documentales como Yes, we fuck! evidencian la falacia de esta construcción cultural, mostrando historias de personas diversas funcionales que disfrutan de una sexualidad rica y placentera.

Pero necesitamos más representaciones disidentes, que no solo rompan el tabú, sino que pongan en evidencia lo ridículo de pensar que las personas con diversidad funcional son seres asexuales, ajenas a las tentaciones de la carne. Por ello, que la película “Vivir y otras ficciones” (de Jo Sol, director de Fake Orgasm), co-protagonizada por Antonio Centeno (activista con diversidad funcional y codirector de Yes, we fuck!), vaya a ser presentada en el Festival de San Sebastián, es una excelente noticia. Esta película, realizada en condiciones de extrema precariedad y entusiasmo, se atreve con temas polémicos como la asistencia sexual o la internalización de personas diagnosticadas como enfermas mentales. Por ahora, solo puede consultarse el tráiler, que ya promete sexo, pastillas y flamenco.

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Fotografía de Afra Rigamonti

“Vivir y otras ficciones” tiene como objetivo poner en jaque las ideas de normalidad corporal, mental, funcional, a través de la subversión de sus códigos habituales de representación. Es más que una película, es un proyecto colaborativo que durante su proceso de gestación nos ha ido regalando pildoritas de humor y reflexión. En su último video, “Anomalías recalcitrantes”, aparecen personas que escapan a los patrones corporales hegemónicos y se muestran orgullosos ante la cámara, desafiantes frente a la norma social que les dice que sus cuerpos deben ser motivo de vergüenza y ocultación. Sus miradas, punzantes, van tornándose irónicas según se proyectan discursos que defienden la existencia de personas “normales” (y, por tanto, valiosas y respetables) y “anormales”. Y nos deja con la incómoda sensación de no saber en qué grupo estamos ni, lo que resulta aún más inquietante, en cuál queremos estar.El humor ha sido una de las estrategias de auto-promoción de “Vivir y otras ficciones”, a través de campañas como “Yo me masturbo” que, además, tuvo la genial idea de divulgarse a través una noticia falsa que aseguraba que el ayuntamiento de Barcelona daría asistencia sexual a su población diversa funcional¡ Imaginaos el entusiasmo y estupefacción general cuando creyeron que las pajas serían parte del presupuesto público!

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Fotografía de Afra Rigamonti

En esta misma línea de la utilización de la parodia como herramienta desestabilizadora del sentido común capacitista, crearon la campaña “Crip Pride” (orgullo tullido), montajes en los que aparecían personas con diversidad funcional en las portadas de revistas famosas. En relación a la sexualidad, la portada de Playboy protagonizada por Oriol Roqueta, activista con parálisis cerebral, sin duda fue la más celebrada. En una revista que constituye el máximo exponente de la cosificación del cuerpo (femenino) y de la promoción de prácticas patriarcales, un “tullido” miraba a la cámara y proclamaba “crip is sexy!”.“Vivir y otras ficciones” usa la ficción para desestabilizar la realidad, el humor para cuestionar el sentido común y la belleza para erizar la piel. Este proyecto nos enseña que otras vidas son posibles, y deseables, ya que la risa, el deseo y el placer florecen hasta en los terrenos más inhóspitos.

 

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