¿Los “discapacitados” follan? Y si así, ¿cómo lo hacen? ¿Y con quién? A todas las personas, en un momento u otro, nos han surgido estas dudas: quizá porque vimos los films The Intouchables (Nakache & Toledano, 2011) o The Sessions (Lewin, 2012); quizá porque tenemos un familiar o amigo que tuvo un accidente; o, incluso, porque un día vimos una persona en silla de ruedas  y pensamos “oye, no está mal, es atractivo/a, pero… ¿Podrá tener sexo?”

Sin embargo, hemos silenciado estas dudas, avergonzados por tener pensamientos tan indecorosos, máxime cuando se refieren a personas consideradas “asexuales”, “ángeles”, “niños eternos”… Pero estas preguntas son importantes porque ponen en cuestión la supuesta asexualidadde las personas con diversidad funcional e interpelan a nuestra construcción cultural en torno a qué cuerpos consideramos (in)válidos para el placer. Nuestro imaginario sexual está condicionado por la publicidad, los medios de comunicación y la pornografía, todas están industrias nos bombardean diariamente con imágenes de cuerpos perfectos (jóvenes, bellos, saludables) y nos dicen que son los únicos que tienen derecho al placer. El resto de cuerpos, todos aquellos que no encajan en esa norma tan estrecha (los gordos, los viejos, los “discapacitados”, etc), son expulsados de la representación. O, en todo caso, recluidos en la sección bizarre de la pornografía convencional.

Hartos de la invisibilidad y del tabú que rodea a la sexualidad de las personas con diversidad funcional, decidimos grabar un documental crítico y transgresor, que moviera las conciencias (y las hormonas) de los espectadores. Así, nació Yes, we fuck! En este documental, aparecen historias de aquellas personas que nunca serán protagonistas de una serie de moda pero que tienen mucho que aportar(no) en cuanto a formas diferentes ¡y disidentes! de vivir la relación con el cuerpo y la sexualidad. La sociedad o bien niega la sexualidad de estas personas, o bien la considera “desenfrenada” y “peligrosa” y, en consecuencia, la reprime. El documental busca contrarrestar esta imagen social tan negativa, gritando alto y claro “sí, follamos”. Y, por si a alguien le quedan dudas, Yes, we fuck! muestra imágenes explícitas de prácticas sexuales, en que las personas exponen su intimidad y su desnudez sin tabúes. Sus protagonistas quieren decirle al mundo que no se avergüenzan de sus cuerpos, ni de sus parejas, ni de sus experiencias, ¡al contrario! Se muestran con orgullo y satisfacción porque, al fin, son ellos quienes tienen la palabra a la hora de definir su sexualidad.

Cuando hablamos de sexo inmediatamente nos viene a la cabeza una imagen estereotipada: una pareja heterosexual, ambos jóvenes y atractivos, practicando un coito. Sin embargo, ¡el sexo es mucho más! No acaba ni empieza en la heterosexualidad, ni en la juventud, ni en lo que entendemos por “atractivo”, ni en los genitales. Por ello, para ampliar nuestro imaginario sexual, Yes, we fuck! refleja diferentes tipos de prácticas y deseos. Una de las historias cuenta la historia de amor entre una mujer en silla de ruedas y su novio. En otras, el sexo no va unido al amor sino que media una relación monetaria: es el caso de un chico que contrata a una prostituta y el de una mujer que obtiene un servicio de asistencia sexual. En otras historias, se muestran talleres de experimentación sexual en que los protagonistas aprenden colectivamente en torno a cuestiones muchas veces desconocidas, como la eyaculación femenina o el postporno.

En definitiva, Yes, we fuck! es un documental que busca romper tabúes y prejuicios pero también es un grito de guerra. Un grito de guerra de aquellos que están hartos de tener que esconder sus cuerpos, silenciar sus anhelos, negar sus deseos… y, en realidad, ¿quién no está harto de todo eso? Yes, we fuck! no busca “ayudar” a un grupo de gente “especial” sino hacernos reflexionar sobre nuestra sexualidad que puede ser tan pobre, o tan rica, como la de los mal llamados discapacitados.

For the English version click here.