Viktoria Modesta y el deseo sexual por los cuerpos amputados

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Viktoria Modesta es una estrella pop, guapa, rica y famosa, como todas las cantantes que llegan a su nivel. Pero tiene una peculiaridad: a los 20 sufrió la amputación de su pierna izquierda por lo que, en lugar de este miembro, utiliza una prótesis. Las prótesis ortopédicas han sido históricamente motivo de vergüenza para las personas con diversidad funcional porque ponían de manifiesto su “falta”, su “déficit”. Eran, pues, ocultadas en un agotador intento por camuflar la diferencia y aparentar normalidad, lo que se conoce como passing. Pero, en la actualidad, esto está cambiando: desde el mundo artístico y activista comienza a reivindicarse la belleza de los cuerpos diversos y de las prótesis y ortosis de las que precisan. En trabajos como los de la performer Lisa Buffano o los colectivos de danza integrada (Liant la Troca, SinsInvalid o Candocco), la diferencia funcional, corporal y protésica es el motor de creación artística.

Viktoria Modesta es la articulación mainstream de esta reivindicación. Su prótesis es la seña identitaria de su construcción como personaje público. De hecho, tiene muchas (¡incluso una de Swarovski!) y se las va cambiando según combinaciones estéticas. Pero Viktoria no solo hace un ejercicio público (y, en consecuencia, político) de destape y visibilización de su prótesis, sino que en su videoclip aparece en una escena totalmente desnuda: por primera vez, su amputación se le hace evidente al espectador. Hasta ese momento, la apariencia de Viktoria resulta sorprendente pero no desafiante, al fin y al cabo se trata de una chica muy sexy a la que la prótesis da un aire de mujer biónica, de fantasía ciborg propia de la ciencia ficción.

Pero cuando aparece su miembro amputado, Viktoria pone de manifiesto que su prótesis no es un elemento estético posmoderno, propio de un show de Lady Gaga, sino que responde a la necesidad vital de un cuerpo vulnerable. Lo más interesante de esta (auto)representación de Viktoria, es que la aparición de su amputación se hace en una escena erótica: nada menos que en un ménage à trois. Su cuerpo amputado aparece pues, como un cuerpo erotizado, deseable y, de facto, deseado. Supone una ruptura con el tabú sexual en torno a los cuerpos “discapacitados” que normalmente (a)parecen invalidados para la atracción y el placer. Viktoria, desnuda, mira fijamente a la cámara y sus ojos nos dicen: I am sexy and I know it!

El deseo sexual por los cuerpos amputados, no obstante, no es algo novedoso. De hecho, durante décadas ha sido considerada una parafilia sexual: acrotomofilia. Se trata, por tanto, de un tipo de atracción que tiende a considerarse inapropiada, desagradable, incluso patológica. Por ello, las personas que la sienten, comúnmente denominadas devotees, suelen vivirla en secreto e, incluso, sentirse culpables y reprimirla. Internet les ha dado una vía de escape, en la red pueden encontrarse multitud de webs y foros de intercambio de información, porno devotee y testimonios. De la misma manera que la homosexualidad estuvo condenada durante años a vivir dentro del “armario”, el deseo devotee es relegado en la actualidad al anonimato virtual. No obstante, cuando censuramos este deseo, ¿lo que estamos haciendono es, en realidad, censurar la posibilidad de que los cuerpos “discapacitados” sean deseables? ¿Deberíamos, pues, promover una “salida del armario” devotee?

 

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