“Para follar hay que tener imaginación”

Tomo prestada la frase que da título a este artículo de Majo, una de las protagonistas de la primera historia del documental Yes, we fuck! En ella se narra la experiencia de un grupo de personas que asisten por primera vez a un taller de postporno. Pero, antes de nada… ¿qué es eso del postporno? Se trata de un movimiento crítico con el porno convencional por considerarlo sexista, capacitista, racista… y aburrido.

El movimiento postporno pretende generar otro tipo de representaciones en que se visibilicen cuerpos y prácticas fuera del esquema sexual normativo. Vamos, que un video postporno no seguirá el soporífero guion de “tío musculoso + tía tetona= eyaculación facial”. En un video postporno la celulitis y las arrugas no se borran con Photoshop, los genitales tienen un tamaño convencional, y las risas y los orgasmos son auténticos. La diversión y complicidad entre los miembros del rodaje es evidente, son videos grabados por colectivos activistas que están hartos de verse relegados a la sección “bizarra” del porno convencional. Después de todo, lo “normal” y lo “freak” dentro de las webs porno daría para otro artículo. Por ejemplo, ¿por qué el sexo con una persona transexual se considera bizarro (sic.) y una actriz de 30 años imitando a una lolita prepúber en un uniforme de colegio algo convencionalmente excitante?

Pero volvamos al movimiento postporno. En Barcelona, además de generar imágenes disidentes, organiza talleres que buscan romper los tabúes sexuales de sus participantes. Y uno de estos talleres fue filmado para el documental Yes, we fuck! En él, puede verse el encuentro de dos grupos muy diferentes: las activistas postporno encargadas del taller y las personas con diversidad funcional participantes, las cuales no habían tenido ningún contacto previo con este movimiento. Sin embargo, esta diferencia no supone un obstáculo para el desarrollo del taller sino que, por el contrario, favorece la emoción y la excitación de estar descubriendo algo totalmente nuevo: las personas con diversidad funcional encuentran un espacio de liberación sexual, en el que fluyen las caricias y se suman los desnudos, en el que sus cuerpos son bienvenidos. Es su oportunidad para mostrarse no solo como deseantes, sino ¡como cuerpos deseables!

Pero no solo los participantes (re)descubrieron su sexualidad a raíz de este taller, sino que el propio colectivo postporno lo hizo al comenzar a reflexionar sobre cómo un cuerpo sordo, mudo, ciego o paralizado puede replantear la erótica. La “pérdida” de una capacidad sensorial o de una habilidad motora se cataloga socialmente de “desgracia” y se considera que repercute muy negativamente en todas las áreas de la persona afectada, incluida la sexual. No obstante, es bien conocido que la persona que “pierde” una capacidad, se adapta a su situación poniendo en marcha diferentes estrategias y desarrollando nuevos recursos. En este sentido, podríamos pensar que algo análogo acontece en la sexualidad, ¿no pondrán en marcha habilidades menospreciadas por las personas “capacitadas” que pueden resultar tan (o incluso más) satisfactorias que la práctica coitocéntrica habitual?

Las prótesis que precisan los cuerpos “discapacitados”, como los bastones o las sillas de ruedas, también suelen verse como utensilios desagradables, evidencias palpables del “problema” y del infortunio. Sin embargo, grupos artísticos como Liant la Troca llevan años mostrando sus posibilidades eróticas en los escenarios. En sus actuaciones, las prótesis y ortesis, son elementos de juego y creación artística. En la misma línea, el colectivo Post-Op, creó el proyecto Pornortopedia en el que diseña juguetes sexuales pensados para toda la diversidad corporal. Por ejemplo, uno de sus prototipos muestra un vibrador que se activa con el mando a distancia de una silla eléctrica. Otro es una prótesis que permite insertar un dildo en un miembro inmóvil, de forma que, por ejemplo, una pierna paralizada puede convertirse en un elemento activo de provisión de placer.

Y, ¡lo mejor de todo!, estos juguetes no son excluyentes, están pensados para el disfrute de todo el mundo. Después de todo, como también dice Majo en el documental “para follar (lo que) hay que tener es imaginación”.

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